Alcaldías: ¿vocación o profesión? | Alejandro de Diego Gómez

Alcaldías: ¿vocación o profesión?

 

De los test realizados y de las declaraciones manifestadas sobre las peticiones del mundo local a los distintos Ejecutivos, tanto autonómicos como central, se desprende, como era de esperar, que una de las cuestiones que menos preocupan a nuestros munícipes es la fusión de Ayuntamientos, a pesar de los múltiples informes que ponen de manifiesto la necesidad, y urgencia, de acometer este proceso de una forma ordenada, racional y desapasionada, en beneficio, sobre todo, de la población del rural. Y a pesar de que algunos llevamos años dando razones para ello sin embargo los Alcaldes suelen desacreditarlo sin más, o recurriendo a manidas e inconcretas razones culturales, sociales o históricas. Pero hay un dato que hasta ahora no se había abordado, quizás por poco ponderado, cuando puede ser esclarecedor, como es el sueldo de nuestros políticos locales.

Hace 5 años el entonces Secretario de Estado de Cooperación Territorial, Gaspar Zarrías, me dijo que casi el 90 % de los representantes de los pequeños Ayuntamientos no cobra ni un solo euro y son un verdadero batallón de voluntarios que prestan servicios a la ciudadanía a costa de su trabajo, de su ocio, de su familia, de su dinero, etc. (sic). Pero esto necesita ser matizado.

Efectivamente, en los Ayuntamientos pequeños, e incluso en los medianos, hay un auténtico batallón de Concejales que, de forma desinteresada, prestan sus servicios a la ciudadanía a un coste poco relevante en concepto de asignaciones por asistencias a órganos colegiados, como Plenos, Juntas de Gobierno, Comisiones, etc. Pero cosa distinta son los sueldos de los Alcaldes, y en ocasiones de algunos Concejales, por sus dedicaciones al Ayuntamiento. ¿Poco o mucho?, pues en los de menos de 5.000 habitantes aproximadamente una cantidad similar a la mitad de una anualidad completa de su deuda, o a la cuarta parte del total destinado a servicios sociales. Y precisamente resultan más gravosos que los que tienen entre 5.000 y 20.000 habitantes, contando incluso con que en estos además de políticos electos suelen estar en nómina también asesores y personal eventual, pues con todo y con ello el gasto en retribuciones políticas es superior en un 28 % en los de menos de 5.000 habitantes con respecto a esos otros más grandes. Y no es que en aquellos cobren más sino que sus salarios se repercuten sobre menos vecinos, en ocasiones sobre muchos menos. Y esto pasa también con los gastos generales, y por lo tanto los más improductivos, por lo que lo que para lo que menos recursos quedan es para la prestación de servicios, es decir, para todo lo contrario de lo que se espera de un Ayuntamiento, con el agravante de que en estos pequeños municipios la gente que está quedando es mayor, y por lo tanto fundamentalmente usuaria de los servicios sociales, los cuales son los que más se ven afectados.

El despoblamiento del rural es un dato objetivo, imposible de negar. En los últimos 15 años ha disminuido la población de los municipios de menos de 5.000 habitantes en toda España en más de 180.000 personas. Sin embargo, el sueldo de sus políticos se ha incrementado en 49 millones de euros, un 55 % con respecto al que cobraban hace esos 15 años, cuando sus presupuestos lo han hecho en casi la mitad, un 30 %. Y ello no sólo porque se hayan aumentado los emolumentos, sino porque cada vez son más los Alcaldes y, en ocasiones también Concejales, que hacen del Ayuntamiento, mientras pueden, su medio de vida, contradiciendo al voluntarismo que presidió las primeras legislaturas tras la restauración de la democracia, y al que sin duda se refería Gaspar Zarrías, aunque no quisiera ver que ya entonces había cambiado la tendencia.

Es decir, a medida que ha ido disminuyendo la población en los municipios rurales, y con ello se ha ido frenado el crecimientos presupuestario por falta de ingresos, se ha aumentado, y de forma considerable, el gasto en retribuciones de políticos, habiéndose incorporado a distintas dedicaciones un número muy importante de ellos, lo que no parece ser la evolución lógica, pues tendría más sentido que a mayor población mayor necesidad de dedicación de sus políticos locales y viceversa. ¿Será ésta una razón de peso para que se opongan a las fusiones, aunque vean languidecer cada vez más a sus Ayuntamientos, o es que con el paso del tiempo me estoy haciendo un mal pensado?.

 

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