La situación actual nos lleva a la necesidad de instaurar una segunda vuelta electoral | Alejandro de Diego Gómez

La situación actual nos lleva a la necesidad de instaurar una segunda vuelta electoral

Después de asistir a la primera repetición de unas elecciones desde la restauración democrática hay algunas cosas sobre las que deberíamos reflexionar.

Durante los 6 meses de la anterior legislatura se estuvo insistiendo en que los electores no queríamos una repetición de elecciones. Y era verdad, la democracia es el arte de llegar a acuerdos y si no hay capacidad para ello no falla la democracia sino los incapaces. En España pasamos de una dictadura a una democracia, sobrevivimos a un intento de golpe de estado, hemos asistido a la alternancia de partidos en el Gobierno, y no siempre ha habido mayoría absoluta, sin embargo hasta ahora no había habido que repetir ningunas elecciones, y no sabemos si la cosa parará aquí. Y aunque finalmente ha habido un millón largo menos de electores que en los comicios de diciembre sin embargo el porcentaje de participación ha sido muy parecido, incluso 1 punto por encima a las generales de 2011 y casi 5 puntos y 1,4 millones de votos por encima de las municipales del año pasado, a pesar de ser las elecciones más cercanas al ciudadano.

También se nos plantearon algunas fórmulas de gobierno, que acabaron en nada, pero que de los resultados del 26J se pueden sacar algunas conclusiones:

La única propuesta que se sometió a investidura fue la formada por el PSOE y C’s, sin embargo el apoyo obtenido ahora ha supuesto la pérdida de más de medio millón de votos (un 5,6 %) y 13 escaños.

El llamado gobierno progresista, compuesto por PSOE, Podemos y sus confluencias, IU y los partidos nacionalistas habría perdido casi 1,3 millones de votos (un 9,8 %) y 6 escaños.

Las fuerzas del cambio, es decir, PSOE, C’s y Podemos con sus confluencias, tomando en este caso también los datos de IU ya que no pueden obtenerse por separado en los comicios del 26J, tuvieron un descenso de 1,6 millones de votos (un 10,5 %) y 13 escaños menos.

Por último la gran coalición, formada por PP, PSOE y C’s es la única opción que ha subido en votos, 158.000 (un 0,97 %) y 1 escaño. Aunque en este caso los datos inducen a error pues como dije al principio el binomio PSOE–C’s no ha funcionado, siendo este aumento aplicable únicamente al PP que consigue 670.000 votos más, aumentando su diferencia con el PSOE en casi 800.000 votos, así como obtiene 14 escaños más, aumentando su diferencia con éste en 19.

Si estas segundas elecciones hubieran sido no una mera repetición sino una segunda vuelta, cosa que los partidos no han querido, pues si bien algunos hablaron, aunque tímidamente, de pactos durante la campaña, otros no quisieron saber nada del asunto, parecería claro que los electores prefieren un Gobierno en el que esté el PP aunque no está tan claro si en coalición con otros o mediante acuerdos puntuales o de legislatura. Lo que si es cierto es que ninguna de las fórmulas propuestas durante la breve legislatura anterior ha tenido respaldo popular.

La esencia de la democracia moderna no consiste en trasladarle los problemas a la gente, esto se acercaría más a un régimen asambleario que a uno parlamentario, sino en que sean los electores los que eligen en elecciones, obsérvese la redundancia machacona, precisamente porque todo ello viene del verbo elegir. Sin embargo nuestros actuales representantes no parecen tener esto claro y ante su incapacidad de llegar a acuerdos, y por lo tanto de ejercer uno de los pilares básicos de la política, intentan trasladarnos sus problemas a nosotros para que se los resolvamos. Pues bien, para evitar esto yo les propongo la modificación del actual sistema electoral convirtiéndolo en uno de doble vuelta, que ya propuse con motivo de las pasadas elecciones municipales y que tendría perfecta cabida también tanto para generales como para autonómicas.

Soy consciente de que no vivimos en un régimen presidencialista sino en una democracia parlamentaria de forma que no son los electores los que eligen al Presidente sino los Diputados. Por lo tanto, en el caso de que en la primera vuelta ninguna formación obtenga la mayoría absoluta se irá a una segunda en la que podrán participar todas las candidaturas que hubiesen obtenido representación en la primera, con la particularidad de que lo que se va a elegir en esta segunda es la forma de gobierno y por lo tanto a la misma se podrán presentar o bien en solitario o bien con las coaliciones que pudieran acordarse, de manera que, una vez llegados a pactos o acuerdos que hasta ahora son postelectorales se conviertan en preelectorales, sometiéndolos al refrendo de las urnas, en el bien entendido de que no sería obligatorio que toda las fuerzas que obtengan representación en la primera vuelta se presenten a la segunda, pues es tan legítimo llegar a acuerdos de gobierno como no llegar a ellos y aceptar desde un primer momento su labor de oposición. Y aquella opción que resulte ganadora, con el margen que sea, ya que se mire como se mire sería la más votada, obtendría la mayoría absoluta mientras que el resto de escaños se redistribuirán entre las distintas fuerzas que hubiesen obtenido representación en la primera vuelta proporcionalmente al resultado que les corresponda por los votos obtenidos en ella, que es la que, en definitiva, sirvió para fijar las preferencias del electorado con respecto a cada una de esas listas por separado, no teniendo la obligación de seguir manteniendo la coalición presentada a la segunda ya que esta lo era como opción de gobierno pero no necesariamente de oposición.

Si quieren trasladarnos sus problemas que lo hagan como lo tienen que hacer, vía opción a elegir en elecciones por los electores, insisto en la redundancia, y si no son capaces de plantear una opción que reconozcan su incapacidad y asuman las consecuencias por ello.

 

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