Sorprende que en el último Congreso sobre Despoblación no se hablara sobre fusión de Ayuntamientos. | Alejandro de Diego Gómez

Sorprende que en el último Congreso sobre Despoblación no se hablara sobre fusión de Ayuntamientos.

Paisaje solitario

Paisaje solitario

Acaba de celebrarse en Huesca el II Congreso Nacional de Despoblación en el Medio Rural con gran éxito tanto de asistentes como de ponentes y en el que se ha hablado sobre la situación actual, que es más acuciante cada día, y las posibles medidas a adoptar, encaminadas, básicamente, a la aportación de fondos, la elaboración de estrategias públicas y la implicación de la Unión Europea.

Yo estoy de acuerdo con prácticamente todas ellas, pero hay algo que me ha resultado muy sorprendente y es que en un Congreso sobre Despoblación Rural no se trate de una de las medidas que, cuando menos, deberían haber estado encima de la mesa, como es la fusión de Ayuntamientos. No habiendo merecido más consideración que la referencia hecha por la Jefa de Gabinete de la Diputación de Albacete para rechazarla, cuando, aunque esta no es la peor provincia, sin embargo está por debajo en todos los indicadores relacionados con el minifundismo local: no tiene ningún Ayuntamiento por encima de los 35.000 habitantes salvo la capital, la media de habitantes por Ayuntamiento es un 21 % más baja que la nacional y el número de vecinos por concejal también es un 28 % menor, con lo que no querer hablar de esto parece más bien una frivolidad.

El medio rural tiene posibilidades pero no pueden ser a cambio de sacrificios de sus habitantes que ven como en lugares cercanos, de mayor población, disfrutan de unas prestaciones que ellos no pueden ni imaginar, porque, según los datos oficiales, a los vecinos de los pequeños Ayuntamientos la prestación de servicios le cuestan un 33 % más que a los que viven en otros de entre 5.000 y 7.000 habitantes, que a mi juicio es hacia dónde deberíamos caminar, y a mayores soportan unos gastos generales de prácticamente el doble.

Pero no se trata sólo de inyectar fondos sino de tener administraciones suficientemente capacitadas para gestionarlos con eficacia y eficiencia. Y estas no pueden ser las que refleja la planta municipal actual, donde el 60 % de los Ayuntamientos tienen menos de 1.000 habitantes, de los que 2.800 no llegan a 250 y 1.270 ni tan siquiera a 100. Y si descendemos al detalle sobre su representatividad vemos cómo en los de menos de 1.000 habitantes hay, de media, un concejal por cada 53 vecinos, en los de menos de 250 uno por cada 28 y en los de menos de 100 uno por cada 19, mientras que en los que están entre los 5.000 y los 7.000 habitantes hay uno por cada 450 vecinos, lo que parece indicar mayor músculo, y por lo tanto mayor capacidad de organización y gestión para establecer unas bases sólidas con el dinero que se pudiera invertir que asienten población y no simplemente, como hasta ahora, conseguir un efecto efímero.

Seguramente oiremos que los ediles de esos miniayuntamientos no cobran nada. Pero es que esa no es la cuestión. Un Ayuntamiento no es una ONG, no puede estar a expensas de la buena voluntad de sus representantes. Un Ayuntamiento es una Administración Pública, con todas las letras y con todas sus consecuencias. Y eso es lo que necesita el medio rural para que se puedan aplicar con eficacia todas esas medidas, estrategias e inversiones. Y aunque sea verdad que la inmensa mayoría no cobran lo que si es cierto es que todos ellos tienen su sede en una Casa Consistorial, y ésta sí que tiene sus gastos, habiendo una por cada 285 habitantes de media en los municipios de menos de 1.000 habitantes, por cada 116 en los de menos de 250, o por cada 58 si no llegan a 100. Lo cual es insostenible, social y económicamente.

Y lo inconcebible es que en un Congreso sobre despoblación rural no se hable de todo esto. No digo que se haga bandera de la fusión de Ayuntamientos, como hacemos muchos, pero sí que se hable sin miedo ni reservas. Que haya, cuando menos, una Mesa específica sobre este tema para que se puedan valorar los pros y los contras. Y si se va en esa línea o en la contraria que sea con fundamento y tras un proceso de diálogo, no de menosprecio a una propuesta que tiene la misma legitimidad que cualquier otra. Lo contrario es seguir con la política de grandes palabras y grandes proyectos pero a la vez del avestruz, mientras que cada día se marcha más gente de los pequeños pueblos, con lo que supone de drama social, personal y familiar que creo que ninguno queremos.

 

4 Comentarios | Leído 153 veces

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4 Respuestas a “Sorprende que en el último Congreso sobre Despoblación no se hablara sobre fusión de Ayuntamientos.”

  1. Julio dice:

    Nadie explica la negativa a las fusiones salvo en términos sentimentales, y así es imposible solucionar el problema.
    Los datos que aporta el artículo son demoledores, y si alguno de los que tienen capacidad de decisión los analizara detenidamente, debería ponerse manos a la obra para conseguir estas fusiones.

    • Alejandro dice:

      Totalmente de acuerdo con tu comentario, Julio.
      El gran problema es que quienes tienen capacidad de decisión también conocen esos datos.

  2. federico dice:

    Teóricamente, las políticas públicas se deben aplicar en función del interés general. Desgraciadamente, el interés personal dicta los pasos de los administradores de esas políticas. En el medio rural, es el factor de distorsión más importante. Una remodelación racional de la planta municipal implicaría mayor profesionalización de la función pública. A la par, implicaría eliminación de las diputaciones provinciales. En ambos casos, no es el escenario deseado por los partidos con fuerte implantación rural.

    • Alejandro dice:

      Es absolutamente imprescindible la modificación de la planta local. Efectivamente, esto traería una mayor profesionalización en algunos sectores de la administración local, lo que no quiere decir que actualmente no exista esa profesionalidad.
      En cuanto a la desaparición de las diputaciones provinciales no tiene por qué ir ligada una cosa a la otra. Yo, particularmente, no tengo tan claro que sean prescindibles. Otra cosa muy distinta es que sigan siendo lo que son hoy en día. Creo que las diputaciones, convenientemente redefinidas y clarificadas sus funciones, pueden ser tremendamente útiles, incluso modificando la planta local..

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